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El sector
agrario |
Por Roberto
F. Bertossi
El campo
argentino tuvo dos grandes etapas. La primera de ellas se
originó a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando
pasó a ser el eje del crecimiento de nuestro país y lo llevó
a posicionarse entre las principales naciones,
transformándose en el "granero del mundo".
En las décadas siguientes, el
crecimiento del sector se produjo más lentamente y con
períodos de estancamientos, hasta lo que podríamos denominar
como una segunda gran revolución, que se inicia en la década
del 80 y se consolidó en los 90 incrementándose como nunca
hasta nuestros días.
Hoy, la Argentina se encuentra
en condiciones ideales de encarar una tercera etapa del
sector, con una reconversión en la competitividad
agroalimentaria y agroindustrial, que potencie el nacimiento
de un capitalismo con decisión y protagonistas nacionales.
Lo cierto es que esta tercera
etapa alumbró con un vértigo inimaginable, principalmente de
la mano de la producción sojera, la enorme recuperación del
valor-hectárea y, consecuentemente, con una notoria
reactivación del quehacer económico, la industrialización y
venta de maquinarias agropecuarias, etc.
Así, entonces, qué buena
oportunidad para rediseñar una refundación del país que, en
la búsqueda de un nuevo sentido federal de nación, intente
equilibrar su territorio, impedir el éxodo del interior y
desarrollar definitivamente las económicas regionales.
Esta nueva etapa debe
contemplar la recuperación y consolidación del mercado
interno, un adecuado proceso de sustitución de
importaciones, la incorporación de valor agregado y el
incremento sostenido de las exportaciones en lo posible,
"romper la estacionalidad", impulsar autoseguros
cooperativos agrícolas de multirriesgos; incentivar la
calidad y la diversificación; sustentadas en auténticos
asociativismos rurales, organizados y articulados desde una
posición de poder de negociación con la gran empresa, como
único mecanismo posible para sostener el desarrollo
equitativo del país.
En esa perspectiva, el Estado
Nacional, como los productores y sus asociaciones, están
postergando peligrosamente una infraestructura primaria,
secundaria y terciaria imprescindibles.
Y es por eso mismo que lucen
imprescindibles políticas y programas para, por caso: 1) Un
mejor proyecto estratégico para desenvolvimiento rural en
todas sus expresiones posibles; 2) Regular y fomentar la
producción agropecuaria de alimentos priorizando el
abastecimiento del mercado local sobre el etanol y los
mercados externos; 3) aproximar a productor y consumidor,
impulsando zonas francas para ventas directas; 4) incentivar
la agroindustria, promoviendo concretamente las pymes, el
cooperativismo y el asociativismo; 5) ampliar y conservar
los caminos rurales, electrificación y telefonías, en franca
complementariedad con los estados locales y las
cooperativas; 6) orientar la utilización racional de los
recursos naturales y recuperación de los ya degradados; 7)
implementar y mantener una estructura de asistencia técnica
y de extensión rural en cercana relación con universidades,
el INTA, el INTI, el Senasa, etc.; 8) facilitar buenas
condiciones de almacenamiento, tratamiento y clasificación
de la producción rural, eludiendo especulaciones ajenas e
históricas; 9) programar, propiciar y estimular el acceso
del hombre del campo, sus familiares y colaboradores a la
educación --vg., escuelas agrotécnicas rurales--, a la
profesionalización --particularmente sobre administración,
gestión, financiamiento y oportunidades--, a la salud, al
transporte --gratuito para los estudiantes rurales--, a la
vivienda, a la informática, etc., de acuerdo con las
características peculiares de las comunidades rurales; 10)
reimpulsar la investigación científica y la experimentación
para mejorar gradual y paulatinamente la productividad y la
competitividad; 11) realizar metódicamente, periódicas
exposiciones, ferias, promociones en el exterior y otros
eventos agropecuarios, bregando por una definitiva
excelencia "creíble" de los productos nacionales y su
comercialización en provecho sustantivo de sus productores;
12) articular comunidades regionales estableciendo
microrregiones agrícolas que orienten el desenvolvimiento de
programas de la producción y abastecimiento alimentario, la
irrigación, la preservación del medio ambiente, la
utilización cooperativa de la gran maquinaria agrícola, la
creación de bolsas de arrendamiento y laboreo de tierras,
integración del sistema agroalimentario --producción,
industrialización y mercados--; etc.
A modo conclusivo, el promover
la productividad con la implementación de políticas activas
en el marco de un programa estratégico rural nacional debe
devolver la rentabilidad a los sectores más postergados,
debe generar espacios y oportunidades también para nuestros
minifundistas, asociándolos, reconvirtiéndolos,
incorporándoles o reincorporándolos autónomamente al sector
agropecuario con vg., acompañamiento de capacitación y micro
crédito oficial.
Finalmente, reverdecer y
regular el sector agropecuario de forma duradera es una
tarea asignada a un "arado común" tirado por todos los
argentinos.
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