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Carta
abierta al ministro Lousteau |
Estimado ministro: Disculpe si hago pública esta carta. Pero
me parece que usted acaba de instaurar una política para el
sector agropecuario que, por sus implicancias, amerita un
profundo análisis. Creo que mejor hubiera sido hacer eso
antes de firmar el decreto que impone las "retenciones
móviles", un mecanismo inédito que implica de hecho una
verdadera confiscación de la renta rural.
La reacción
del sector ha sido tan obvia como justificada, pero quizá en
el fragor de la respuesta no se haya profundizado lo
suficiente en los conceptos que usted planteó para sustentar
la medida.
A nadie escapa
el objetivo fiscalista de las nuevas reglas. Pero usted
desmintió públicamente que el objetivo sea mejorar la
situación de caja. Usted, en la argumentación previa,
sostiene que el objetivo de su plan es "Detener la
sojización".
¿Usted es
consciente de lo que esto implica? La soja, curiosidad
botánica hace treinta años, este año facturará 25.000
millones de dólares FOB. Y no está sola, es simplemente la
abanderada de un proceso de intensificación de la
agricultura que colocó de nuevo a la Argentina en el
mapamundi.
Pero la soja
es el único producto de la economía nacional en el que la
Argentina juega en primera. Se ha convertido en el primer
exportador mundial de los dos productos que se obtienen a
partir de ella: la harina de alto contenido de proteína, y
el aceite. Se han invertido en los últimos 20 años más de
10.000 millones de dólares en puertos privados y plantas de
procesamiento. Y los productores han invertido otros tantos
en tractores, sembradoras, pulverizadoras automotrices,
cosechadoras y camiones.
El interior se
ha movido al compás de la soja. Centenares de pueblos en
todo el país se mueven al compás de esta oleaginosa. Se está
expandiendo la frontera agropecuaria. Surgen pueblos
aletarga dos, como Bandera en Santiago del Estero o Charata
en el Chaco. Sin hablar de la prosperidad del interior de
las provincias de Córdoba, Santa Fé, con emporios como Río
Cuarto, Venado Tuerto, América, Rafaela, para citar algunos
ejemplos. Creo que usted no los conoce, ni se los imagina.
De lo contrario, no hablaría tan livianamente de la "sojización"
como algo que debe ser frenado.
Usted atribuye
a este fenómeno de "sojización" la escasez relativa de leche
y carne, e incluso señala que son actividades a las que es
muy difícil volver cuando se las abandona. Le explico, si me
lo permite.
Hace muchos
años que la gente de campo tomó conciencia de que las vacas
no hacen fotosíntesis. Esta es una capacidad que sólo tienen
las plantas. Las vacas lecheras y los novillos sólo
transforman en leche o carne el forraje que consumen.
Estimado Lousteau: una hectárea de maíz, con la nueva
tecnología, rinde 10.000 kilos de grano.
Un novillo
encerrado en un corral convierte 7 kilos de maíz en uno de
carne. Por lo tanto, una hectárea de maíz da 1.500 kilos de
carne.
Pero si en
lugar de sembrar maíz, la destinamos a hacer un engorde
pastoril, como el que usted propone -convengamos que
acompañado por algún gobernador tan poco conocedor como sus
asesores- va a lograr sólo 300 kilos de carne. Es la quinta
parte, Lousteau. Lo mismo pasa con la leche. Por eso, en las
tierras agrícolas de todo el mundo los animales no pastan.
Están
encerrados y comen los granos obtenidos en esas tierras.
Esto es inexorable.
Forzar la
vuelta a la Edad Media va a provocar hambre y desocupación,
y se va a resentir la salud macroeconómica. Su decisión,
señor ministro, es extremadamente temeraria.
Usted habló
después de que los productores de soja tienen una
"superrenta". ¿Cuál es el pecado?
Apostaron y
les fue bien. Si usted necesita la plata de ellos, pídala
prestada. Es lo que pasaría en un país en serio, como sus
patrones se ufanan. La confiscación nos retrotrae a nuestras
peores costumbres.
Usted parecía
diferente.
Esta escrita por Hector Huergo dejo
el link de su BLOG
para los que quieran más info
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