Si tenemos bosque y no podemos procesarlo no habrá un gran impacto

Por: Ing. Forestal Martín Sánchez Acosta (*)

En Entre Ríos el crecimiento de la superficie plantada ha sido importante, llegando a 4 mil hectáreas, pero en porcentaje el crecimiento es más impactante en la provincia de Corrientes.

Nosotros dividimos a los productores en pequeños, medianos y grandes. Los pequeños no necesariamente son gente de bajos recursos, sino que poseen superficies de menos de 50 ha.; muchas veces inversores locales que ven a la forestación como una buena caja de ahorro para su inversión. Los medianos son los que llegan a unas 500 ha., transformándolas en un recurso de entrada permanente, a diferencia de los pequeños que venden en una época y después deben esperar el ciclo. Los grandes están por encima de las 500 ha., están integrados con la industria y lo consideran un negocio permanente. Lo notable es que estos grandes, si bien son pocos en cantidad, tienen un 50% de la forestación. No obstante, no llega a ser concentración porque existe mucha diversificación.

Entre Ríos se diferencia de otras provincias en que si bien tiene una superficie relativamente pequeña en comparación con otras regiones, existe gran diversidad de productores, muchas industrias y vías de comercialización de madera. Tenemos mercados cerrados para exportación de rollizos, celulosa, tableros, madera para impregnación, una gama bastante grande de alternativas.

Esta provincia tiene gran potencialidad. Siempre habrá tierras para forestar, lo que sucederá seguro es que existan tierras que tengan aptitudes menores a las que hoy se tiene, pero que igual tienen crecimientos muy buenos. El país tiene muchas áreas para incrementar y la promoción de los últimos años ha generado movimiento distinto e inversiones de grandes empresas que se ven atraídas por las ventajas competitivas.
La implementación de la Ley Forestal se dio simultáneamente con el cambio de gobierno, un cambio un poco traumático. Todavía existen problemas burocráticos que impiden que los incentivos se formalicen. Si bien el gobierno está tomando medidas, debería acelerarlas ya que es un reclamo efectivo de los productores.
Para un productor agropecuario, los tiempos que conlleva el proceso de la forestación pueden resultar muy largos; para un inversor internacional los plazos que se manejan en nuestra zona pueden parecer cortos, ya que consideramos un promedio de doce años. Esto hace que las invesiones extranjeras vean un potencial enorme.
Básicamente, lo que observamos es que el sector tiene grandes chances de crecer pero se necesitan políticas coherentes. No sólo tenemos que tener los productos, sino que tenemos que tener las industrias y los procesos, y hoy día quizá el sector más desprotegido sea el industrial.
Si sólo tenemos bosque y no tenemos como procesarlo, no vamos a tener un gran impacto.
El sector forestal recibe un menosprecio en la medición del PBI, porque se toma el producto tranqueras adentro, o sea, la madera en pie, en el monto. Eso es injusto, porque si algo tiene de impactante la forestación es toda su cadena, que va desde la elaboración de montes, transporte y transformación de la industria que agrega valor en cada paso y su producción se hace bastante incidente.
Desde el INTA seguimos la cadena productiva. Asistimos con programas a todos los subsectores de la cadena, ya se en la silvicultura, la genética, el área industrial, en la mayor utilización de la madera; estamos también en el seguimiento económico y evaluación de los componentes, y a su vez en la parte ambiental del sistema forestal, como la transferencia de tecnología.
Está faltando un censo y un buen relevamiento de la actividad. No se sabe a ciencia cierta cuántos aserraderos hay funcionando. Se conocen las empresas más grandes, porque son pocas y de volúmenes conocidos. Pero quienes estamos vinculados a este tema no tenemos el respaldo de buenas estadísticas sobre la actividad, sobretodo en la parte industrial.
El sector forestal no está tan mal en comparación con otros, lo que habla de su mayor estabilidad y potencial. Tenemos que reafirmar el procesamiento de la madera y su industrialización para generar valor agregado que quede en la provincia.

(*) Técnico del Area Forestal Estación Experimental INTA-Concordia.

Fuente: Homo Faber. El Diario

 

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