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La miel salva a las abejas |
Por Carlos Villanova. Zaragoza
La apicultura ha salvado a las abejas de una extinción prácticamente segura. La actividad apícola, destinada sobre todo a producir miel, ha evitado que la varroa, un ácaro que viene a ser una especie de garrapata para los insectos, acabara con estos diminutos animales.
La polinización de las abejas multiplica los beneficios de determinados cultivos.
Zaragoza.
La apicultura ha salvado a las abejas de una extinción prácticamente segura. La actividad apícola, destinada sobre todo a producir miel, ha evitado que la varroa, un ácaro que viene a ser una especie de garrapata para los insectos, acabara con estos diminutos animales.
De hecho, ya casi no quedan enjambres silvestres, porque aquellos que no son tratados con acaricidas sobreviven muy poco tiempo lejos de las colmenas artificiales.
La varroa llegó a Europa desde Asia en 1985. Su aparición y su capacidad destructiva es sólo comparable a la de la filoxera, la plaga que obligó a cambiar el sistema productivo vitícola a finales del XIX. Cuando terminaba la década de los 80, un millón de colmenas, más de la mitad de las que había en España en aquella época, habían muerto a causa de esta plaga.
Basta apuntar que las abejas suponen el 80% de los insectos polinizadores para entender el riesgo de equilibrio ecológico que se planteó. Ulfrido Mediel, experto en el sector del sindicato agrario UAGA, señala que el proceso polinizador de estos insectos supone un sobresaliente incremento en la producción agraria. “En algunos cultivos, como el girasol, –dice– el beneficio del agricultor puede multiplicarse por veinte si tiene colmenas cerca”.
El papel de la apicultura fue clave para solucionar este problema y la Unión Europea vino a reconocerlo en 1997 con el reglamento de ayudas a la producción apícola. En España, que es el país europeo con más colmenas (el 25% de las comunitarias), supuso un importante estímulo para el sector con el Plan Nacional Apícola (PNA).
Según el último estudio realizado por Mediel, se calcula que en Aragón hay más de 100.000 colmenas y unos 1.300 apicultores repartidos por 500 pueblos, aunque, como señala Monserrat Ferrer, responsable en la Comunidad del PNA, “sólo habrá unas diez personas que vivan exclusivamente de esta actividad”. Mediel eleva la cifra a 17 y añade que hay 20 apicultores que poseen más de 500 colmenas y 100 con más de 200. Además, hay 30 envasadores con registro sanitario. En cualquier caso, se trata de un complemento muy importante para la renta de numerosas familias del mundo rural. Lo apícola reúne también elementos tradicionales y de pura afición doméstica, por lo que no es fácil un cómputo exacto. La cifra de apicultores considerados profesionales está en torno a 300, los mismos que solicitan subvenciones.
Las ayudas a la apicultura aragonesa en 2002 sumarán 64 millones y estarán destinadas a divulgación, apoyo a las asociaciones y financiación de inversiones justificadas. Actualmente, no hay subvenciones europeas a la producción y en Aragón tampoco se conceden las primas de polinización que establecen otros gobiernos autonómicos.
En la Comunidad Autónoma se elabora anualmente unos 1,7 millones de kilos de miel, un 5% del total español. La cifra no es constante, ya que los años de sequía se resiente mucho la producción, mientras que aumenta en los periodos pluviosos. De cera, se producen unos 40 ó 50 mil kilos, unos 2.000 de polen y apenas 80 de jalea real.
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