Cooperativismo Apícola
Un emprendimiento asociativo en tiempos de globalización

Estamos viviendo en la era de la globalización, donde pareciera que hablar de principios, valores, solidaridad, preocupación por la comunidad, es como hablar de temas "fuera de época", sin embargo sabemos que hablar de individualismo, competencia o egoísmo, solo nos conduce a la degradación como seres gregarios que somos.

Nuestro país debe desarrollarse dentro de una economía global, a pesar que esta aún no ha sido incorporada a nuestra cultura cotidiana, a pesar de que todavía es considerada una "elección", un "modelo" económico sobre el cual se podría optar, es evidente que el sistema económico mundial ha sufrido transformaciones que son irreversibles y debemos adaptarnos a estos cambios, que sin lugar a dudas modifican sensiblemente los hábitos de vida y por supuesto los sistemas de trabajo y producción tradicionales.

Inmersos en este escenario, aún confuso y complejo, se encuentran los productores de los más diversos rubros, y entre ellos el sector que hoy nos ocupa que es la producción apícola.

Argentina es el primer exportador mundial de miel, y el tercero en producción después de China y EEUU. Se producen en nuestro país mieles de las más variadas características contando entre ellas algunos tipos que se consideran de las mejores del mundo, en cuanto a su calidad y las preferencias de los consumidores.
Sin embargo, el sector aún no ha alcanzado el grado de organización que esta responsabilidad sugiere.

La apicultura Argentina se encuentra "empantanada" en un sistema perverso que la teoría económica denomina "oligopsonio" es decir una fuerte concentración de la demanda, en manos de unas pocas empresas exportadoras y una importante dispersión de la oferta generada por la atomización de los productores. Se estima que existen en nuestro país alrededor de 25.000 apicultores y unas 2.500.000 colmenas que producen mas de 100.000 TN de miel por año, el 80% de esta producción es comercializada por 7 u 8 empresas exportadoras, que por medio de importantes redes de acopiadores, capturan la miel de distintas regiones de nuestro país, fijando el precio del producto de acuerdo a su conveniencia y con el agravante de no haberse preocupado por mejorar la calidad del producto, de trabajar en la trazabilidad, es decir, sin preocuparse por defender nuestras mieles en base a su calidad y ser formadores de precios en el mercado mundial, que aunque parezca una utopía, están dadas las condiciones para que así sea.

Como reacción a esta situación que se viene dando desde hace varias décadas y frente a la amenaza de verse desplazados de la actividad por los altos costos de producción y los bajos precios de colocación del producto, algunos apicultores buscaron en el cooperativismo la herramienta que les permita al menos poder seguir en la actividad.

Así se organizaron cooperativas apícolas en distintas zonas del país; a través de estas organizaciones, los productores lograron proveerse de los insumos esenciales, utilizando la fuerza de compra para reducir los costos y en algunos casos instalando pequeñas fábricas y talleres para su fabricación. Otros, optaron por realizar inversiones comunes y montar así plantas para la extracción y el procesamiento de la miel, evitando inmovilizar importantes sumas de dinero individualmente para tener cada uno su sala, que solo utilizarían unas pocas veces al año; e invirtiendo mejor ese dinero aumentando, por ejemplo, la cantidad de colmenas de sus explotaciones y otros habiendo ya superado estos objetivos avanzaron en la comercialización, aprovechando el nivel de escala que se logra al reunir la producción de todos los asociados y obteniendo algunos centavos mas de parte de los compradores locales. Fueron muy pocas las experiencias de cooperativas que, individualmente, hayan intentado salir de este sistema de comercialización y negociar directamente con los interesados de los países compradores, pero en la mayoría de los casos no han sido experiencias satisfactorias.

Los obstáculos que se presentaron fueron varios, se podía establecer relación comercial con los importadores, pero al hablar de volúmenes, el nivel de escala de las cooperativas aún era insuficiente, y aquellos mostraban resistencia a cambiar a sus proveedores tradicionales por pequeñas organizaciones que no podían dar garantías de continuidad. Tampoco las cooperativas en forma aislada podían realizar una oferta variada, ya que la mayoría solo agrupaba a los productores de una pequeña región que producían prácticamente el mismo tipo de miel.

Cuando alguna de estas cooperativas intentó avanzar en la cadena comercial, eliminando intermediaciones parasitarias, realizando esfuerzos más quijotescos que racionales, sufrieron las consecuencias de haber tocado intereses de quienes rápidamente actuaron con diferentes estrategias quitándoles toda posibilidad de continuar operando.

Frente a estas situaciones, y al igual que a comienzos del siglo pasado, es cuando los pequeños productores deben fortalecer más aún sus vínculos y superar los prejuicios, que muchas veces impiden avanzar en aspectos como el asociativismo, para crear organizaciones realmente vigorosas, y no solo en el aspecto económico, sino en lo que le da la verdadera fortaleza a las cooperativas que es la sinergia que se logra cuando quienes la integran, están realmente imbuidos del espíritu de la cooperación, cuando son verdaderos militantes cooperativistas.

Por: Gustavo Antonio Bertolini
Técnico Superior en Cooperativismo y Mutualismo

 

Ingrese una Ciudad:

 

Google

 
 
 
 

Copyright © 2001. Todos los Derechos Reservados.
Diseño, Desarrollo y Programación del Sitio:
/// MERCOOPSUR