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La magnitud o cantidad de miel de reserva para la temporada de receso que se inicia (Otoño / Invierno), tiene directa relación con el tamaño de la familia de abejas. Se estima que cuando se trata de una familia grande, la reserva de miel debería ser de aproximadamente 18-20 Kilos.
Por tal motivo se debe colocar la mencionada ración alimenticia en un alza para tal objeto.
Revisar la cámara de cría y extraer los marcos vacíos o semivacíos y reemplazarlos por marcos llenos de miel, en lo posible operculada.
Tomando en cuenta el irrefutable hecho de que el alimento complemento de las abejas es la miel, debemos considerar otras alternativas alimentarias que según las circunstancias nos pueden ayudar a solucionar un problema nutricional de la familia, evitándole así situaciones de hambre que comprometan la integridad de las abejas o bien para estimular la postura que esté retrasada por parte de la reina.
La administración de la alimentación artificial en las familias es un problema que se debe en gran medida a un inadecuado manejo del apicultor quien en forma desmedida cosecha la miel, sin dejarle a la familia, las reservas adecuadas para pasar un buen invierno y poder contar con reservas para la primavera.
Se debe tomar la decisión de alimentar artificialmente a las abejas cuando la cámara de cría contenga menos de 10 kilos de miel de reserva (aproximadamente 4 marcos de miel operculada). Se debe buscar un equilibrio que sea beneficioso para ambas partes, a saber, el apicultor y las abejas.
Entregadas ya las abejas mayoritariamente a las labores de campo, consumen grandes cantidades de energía, que le es proporcionada por una alimentación rica en hidratos de carbono y más discreta en elementos proteicos.
Ahora ya es moderada la necesidad de sustancias reparadoras debido a su peculiar arquitectura corporal. Este nuevo contexto alimentario encuentra cumplida y sencilla respuesta en el más representativo “producto” de la colmena, circunstancia no causal sino tan obvia que ha sido precisamente su delator y botín para muchos depredadores y desencadenantes, en ocasiones de la codicia del hombre: la miel.
La miel es brevemente el resultado de la evaporación y enriquecimiento del néctar de las flores, acopiado a la colmena durante los periodos de secreción por las plantas. Cuando esta aportación es sostenida, las abejas de campo proceden a su deposito en los panales en grandes cantidades, procediendo al sellado de las celdillas llenas, con opérculos de cera, tan pronto como consiguen darle “punto de conservación” adecuado (18 % de agua).
Sin entrar en el análisis pormenorizado de la miel, hemos de señalar que más del 75% de sus componentes esta formado por hidratos de carbono (azucares), alrededor de un 18% es agua, siendo el resto proteínas y aminoácidos, vitaminas, minerales y otros componentes menores (oligoelementos). Si relacionamos el porcentaje de azucares con su capacidad calórica fácilmente comprenderemos la formidable fuente de energía que representa la miel en la alimentación.
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