Alimentación en Abejas

Al igual que otros seres vivos las abejas necesitan de la alimentación para crecer y desarrollarse tras su nacimiento.

En apicultura, nos hallamos ante uno de los ejemplos más clásicos de la evolución zoológica. Las abejas no solamente son capaces de recolectar del medio, sino que además en virtud de su desenvolvimiento de tipo social, almacenan provisoriamente los elementos necesarios para llevar acabo una presencia autónoma y estable. De ahí que al poder contar con el factor de alimentación, como abrigo en el que refugiarse y, en su momento, como base en la que poderse afianzar, resulten las colonias de abejas, una forma de vida tan altamente eficaz en el ecosistema del hombre y que este haya visto en ellas un instrumento zootécnicamente muy valioso. 


En la primera etapa de su vida, es decir, inmediatamente después de la eclosión del huevo, las larvas reciben una especie de papilla ricamente nitrogenada capaz de hacerlas crecer a un ritmo sorprendente; llegan a doblar 10 veces su peso en tan solo 4 días. Esta extraordinaria capacidad de formación de tejidos la posee la jalea real, segregada por las jóvenes abejas nodrizas y suministrada a la cría abierta sin restricciones y en masa, hasta hacer que flote materialmente en ella.

A partir del segundo día, comienza un nuevo tipo de alimentación, igualmente suministrada por las abejas nodrizas basadas en el polen que convenientemente amasado con miel y agua es puesto a disposición de las larvas, a razón de más de 1200 visitas por celdillas y día hasta su operculación. Es en este momento, cuando la colonia tiene una gran necesidad de nutrientes proteicos: el polen. 

El polen almacenado en los panales, también conocido como "hamago" o "pan de las abejas", es de vital importancia para el desarrollo de la colonia y su ausencia constituye factor limitante grave. Su racionamiento por escasez frente a la demanda de la cría larvada, determina un defectuoso crecimiento de las futuras abejas; una importante merma de la culminación de tan crucial estadio de la vida del insecto y, en suma, una inflexión peligrosa del progreso poblacional en un momento de oferta y/o presencia nectarífera que propició tan solo unos días antes de la sobrealimentación de la reina y su respuesta mediante la activación de la postura de huevos. Tras el paréntesis que representa en la alimentación, la fase metamórfica de cría cerrada, la joven abeja comienza a depender nutricionalmente de sí misma y su dieta desde los primeros días de insecto adulto, va cediendo riqueza en proteína, en función de su progresiva madurez tanto anatómica como fisiológica, que se considera plenamente alcanzada entre 15 y 20 días mas tarde.

Entregadas ya las abejas mayoritariamente a las labores de campo, consumen grandes cantidades de energía, que le es proporcionada por una alimentación rica en hidratos de carbono y más discreta en elementos proteicos. Ahora ya es moderada la necesidad de sustancias reparadoras debido a su peculiar arquitectura corporal

La miel es brevemente el resultado de la evaporación y enriquecimiento del néctar de las flores, acopiado a la colmena durante los periodos de secreción por las plantas. Cuando esta aportación es sostenida, las abejas de campo proceden a su deposito en los panales en grandes cantidades, procediendo al sellado de las celdillas llenas, con opérculos de cera, tan pronto como consiguen darle "punto de conservación" adecuado (18 % de agua). Sin entrar en el análisis pormenorizado de la miel, hemos de señalar que más del 75% de sus componentes esta formado por hidratos de carbono (azucares), alrededor de un 18% es agua, siendo el resto proteínas y aminoácidos, vitaminas, minerales y otros componentes menores (oligoelementos).Si relacionamos el porcentaje de azucares con su capacidad calórica fácilmente comprenderemos la formidable fuente de energía que representa la miel en la alimentación.

 

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